Casablanca,
el valle que enfrió el vino de Chile
A medio camino entre Santiago y el Pacífico, la niebla matinal y la brisa fría del océano crearon, casi por accidente, uno de los grandes terruños vitivinícolas del mundo.
De pueblo de paso a valle vitivinícola de clase mundial
Casablanca pasó casi dos siglos como un simple descanso en el camino entre Santiago y Valparaíso, hasta que un enólogo se atrevió a plantar uvas donde nadie lo esperaba.
Tierra de changos y estancias
Antes de la llegada española, el valle fue paso de comunidades cazadoras-recolectoras y, más tarde, de las culturas Bato y Aconcagua, que cultivaron sus laderas. La villa de Santa Bárbara de la Reina de Casablanca fue fundada oficialmente el 23 de octubre de 1753 por el gobernador Domingo Ortiz de Rozas, sobre tierras donadas por José Montt y Cabrera y Francisco Ovalle, en honor a la reina Bárbara de Braganza.
El camino real entre dos mundos
Su ubicación —a medio camino entre la capital y el puerto de Valparaíso— convirtió a Casablanca en lugar de descanso obligado para viajeros y arrieros. En 1852 abrió aquí uno de los primeros hoteles de Chile, y hacia 1888 el pueblo ya tenía su propio periódico, "El Eco de Casablanca".
1982: la apuesta de Pablo Morandé
Durante más de dos siglos nadie pensó en Casablanca como tierra de viñas: se la consideraba demasiado fría para madurar uva de calidad. Eso cambió en 1982, cuando el enólogo Pablo Morandé plantó aquí las primeras parras de Sauvignon Blanc del valle, convencido de que el clima "equivocado" podía ser, en realidad, una ventaja.
Un clima que nadie esperaba
La cercanía al océano y la Corriente de Humboldt generan una neblina matinal persistente que se disipa recién al mediodía, alargando la maduración de la uva y concentrando aromas. Ese "error de cálculo" convirtió a Casablanca en el mayor productor de Chardonnay de Chile y en referencia mundial de Sauvignon Blanc y Pinot Noir de clima frío.
Casablanca en imágenes
Niebla sobre las parras, barricas de roble y el pueblo que sostiene la ruta del vino de Chile central.
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Cuatro escenas imperdibles del valle
Entre bodegas de clase mundial, un santuario centenario y el mar, Casablanca se recorre despacio, copa en mano.
Ruta del Vino de Casablanca
Más de 20 viñas abiertas a la visita —de Casas del Bosque a Viña Indómita— con tours, degustaciones y restaurantes de autor entre las parras, como Tanino, Casa Mirador o Macerado.
Santuario de la Virgen de Lo Vásquez
El mayor centro de turismo religioso de la zona: recibe cerca de un millón de peregrinos cada 8 de diciembre, junto a la Ruta 68.
Caleta de Quintay
Ex estación ballenera reconvertida en caleta de pescadores, buceo y cocinerías frente al mar, a solo 30 minutos del centro del valle.
Tranque Ovalle
Un embalse rodeado de viñedos, nogales y olivares, ideal para fotografía y una pausa tranquila entre visita y visita a las bodegas.